La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) ha llevado a cabo una encuesta sobre la enuresis para, entre otras cuestiones, conocer la percepción que tienen los profesionales de este problema. Los resultados apuntan que "con más frecuencia de la deseada, se diagnostican muchos menos casos de los que hay y además se diagnostican tarde, no siempre se le pone un tratamiento adecuado y, a menudo, se infravalora la repercusión que este problema va a tener en el niño y su familia".
La voz a estas conclusiones la ponen los doctores María Isabel Lostal Gracia y Venancio Martínez, que han coordinado esta encuesta del Grupo Obgetibe (Grupo de Trabajo Ibérico de Enuresis), un estudio descriptivo transversal obtenido mediante encuesta anónima de 29 preguntas enviadas a 3.400 pediatras de toda España. Los resultados apuntan a que el 70,7% de los pediatras que ha participado considera que tiene identificado a menos del 50% de los niños que padecen enuresis, pero de ellos la mitad calcula que solo tiene diagnosticada a menos de una cuarta parte de los niños.
"Esto indica claramente el infradiagnóstico que sufre esta enfermedad y la importancia de mejorar la concienciación en la sociedad, familias y profesionales sanitarios", apuntan los coordinadores. Otras conclusiones se relacionan con la baja preocupación por esta enfermedad, la infravaloración de la repercusión en los niños y la necesidad de mejorar la formación de los profesionales implicados.
Los doctores Lostal y Martínez lamentan que existen variaciones en la estimación de la frecuencia de enuresis "por la falta de uniformidad en los criterios diagnósticos utilizados y el planteamiento metodológico seguido". Por ello, y de forma orientativa, puede aceptarse que, en los países con una situación socioeconómica similar a la nuestra, la prevalencia se sitúa por encima del 10% entre los niños de 6 años de edad, alrededor del 5% entre los de 10 años y en el 0,5-1% entre los adolescentes y adultos jóvenes.
En cuanto a si la enfermedad va en alza, gran parte de los pediatras encuestados opinan que la pandemia por COVID-19 puede aumentar la prevalencia de la enuresis, "y esto merece alguna consideración". En este sentido, apuntan a que "es posible que hayan aumentado algunas formas de enuresis con un gran componente emocional, aunque no lo sabemos todavía. Pero hay otro aspecto que debe tenerse en cuenta: como en otras entidades de evolución crónica, se han perdido diagnósticos y ha empeorado el control de los casos conocidos".
En cuanto a la opinión de los profesionales sobre el impacto de la enuresis, casi la totalidad (99%) reconoce que tiene repercusión en la vida diaria del niño, con una incidencia del 70% en la esfera emocional, asociada a sus relaciones sociales y escolares. Pese a ello, el 60% de los pediatras "considera que a las familias les preocupa poco, excepto cuando se trata de niños mayores a partir de 10 años".
En relación con ello, es frecuente que el padre o la madre hayan podido tener el mismo problema, "lo que les hace 'normalizar' la enuresis y considerarla un problema de maduración que pasará con el tiempo". "Esto provoca retrasos en el diagnóstico con peor respuesta al tratamiento y repercusión emocional en el niño y en las áreas escolar, familiar y social", resaltan los coordinadores de la encuesta.
Este retraso en el diagnóstico y el tratamiento "puede tener consecuencias a medio plazo sobre la salud infantil, incluidos los efectos psicológicos, y mayores costes directos e indirectos, dando lugar a que estos niños se orinen en la cama durante más tiempo y evolucionen más a estados complicados". Por ello, "la relación médico-paciente-familia es fundamental".
Otra cuestión que los doctores Lostal y Martínez consideran "interesante" es que al 41% de los profesionales estudiados la enuresis les preocupa poco o nada, frente al 58% que les preocupa mucho. Esto debe relacionarse, señalan, con que un 55% considera que se trata de un motivo de consulta frecuente, frente a un 45% que lo considera poco o muy poco frecuente. "Estos datos indican lo necesario de una mayor concienciación sobre el problema no solo por parte de las familias, sino también por parte de los profesionales implicados".
Asimismo, recuerdan que la enuresis primaria monosintomática no requiere la realización de ninguna prueba complementaria, ya que el diagnóstico se realiza con una historia clínica detallada y exploración física del niño, "pero sí que es fundamental realizar un diario miccional". Aunque la mayoría de los pediatras (78,8%) indican a las familias cómo hacerlo, "únicamente el 55% conoce el significado del dato que denominamos volumen miccional máximo diurno y su interés a la hora de plantear las medidas terapéuticas más adecuadas al caso", a lo que se une que a un 35% le gustaría conocer su utilidad.
"Esto muestra que hay aspectos que mejorar en la formación sobre enuresis de los pediatras", concluyen. Y la cuestión adquiere su verdadera importancia si se tiene en cuenta que "la identificación adecuada del problema es clave para un manejo satisfactorio: el pediatra debe tener formación en un problema tan prevalente como es la enuresis".
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