Nombrado presidente de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP) el pasado mes de septiembre, Javier Martín de Carpi desempeñará el cargo durante los próximos cuatro años tras un proceso al que solo concurrió su candidatura, como es habitual en una entidad en la que se presenta una lista de consenso. Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Zaragoza, es jefe del Servicio de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Al margen de reivindicar las subespecialidades pediátricas, alerta de la "amenaza nutricional" que se traduce en una tendencia al alza de la obesidad.
Como toda sociedad de subespecialidades pediátricas, nuestro leitmotiv principal es defender las áreas de capacitación específicas, que son una asignatura pendiente en la Pediatría española. A efectos de la Administración todos somos pediatras, ni se prima la formación específica en determinadas áreas ni se ponen en valor esos conocimientos.
Nuestra sociedad abarca tres áreas importantes dentro de la patología digestiva y nutricional del niño y del adolescente; el niño tiene que ser tratado por los profesionales que más saben, que son los subespecialistas pediátricos. Llevamos años trabajando esta defensa de la subespecialización con la Asociación Española de Pediatría y con el Ministerio de Sanidad para que se tenga en cuenta, para que, a la hora de contemplar puestos de trabajo y servicios especializados, se valore este tipo de formación. Llevamos tiempo con esta reivindicación, pero es un proceso lento.
No va a ser muy diferente de lo que previamente han realizado las juntas anteriores. La idea es seguir potenciando la formación de los miembros, aportar conocimiento a pediatras de otros ámbitos como los de Atención Primaria, trabajar para que haya buenos flujos de pacientes entre Primaria y Especializada... Todo niño debe tener un pediatra de Atención Primaria que tenga buenos vínculos con los especialistas hospitalarios. También queremos ofrecer una buena oferta docente tanto a los miembros de la sociedad como a otros pediatras e incluso a los MIR, estrechar vínculos con otras sociedades científicas de nuestra área nacionales e internacionales, ofrecer nuestra opinión como expertos a nivel nacional para aportar nuestros conocimientos en campañas de salud y nutrición...
En general hay muchas patologías digestivas frecuentes que son banales, y que con una serie de medidas básicas se pueden tratar adecuadamente (como es el caso del dolor abdominal, el estreñimiento, el reflujo gastroesofágico…), pero hay otras enfermedades crónicas más complejas que están aumentando, como ocurre en otros entornos: las enfermedades inflamatorias intestinales, las que tienen una base de disregulación inmunológica y las alergias alimentarias. También hay muchas cuestiones relacionadas con la nutrición, como los cambios de hábitos nutricionales y la obesidad y los problemas de salud que conlleva (hipertensión, diabetes…). Y existen otras patologías crónicas con una situación más estable a lo largo del tiempo, como es la enfermedad celíaca, muy presente en nuestro entorno y con la que estamos acostumbrados a lidiar, pero que sigue suponiendo un reto en base a nuevas formas de presentación. Por otro lado, en los últimos años se ha avanzado mucho en el tratamiento de la fibrosis quística, patología multisistémica grave, lo que puede suponer un cambio trascendental en la calidad de vida y las expectativas de estos pacientes.
Ahí hay mucho en lo que actuar, tanto en los ámbitos familiar como escolar y social, porque no solo preocupan el sobrepeso y la obesidad durante la infancia, sino también las enfermedades futuras que padecerán los niños obesos en la edad adulta: problemas cardiovasculares, diabetes, hígado graso... Tenemos que actuar ya. La clave está en que estamos dejando de lado la dieta mediterránea, que es de las más óptimas para la salud, y nos estamos yendo a lo fácil. A eso se une una cierta tendencia a hacer dietas teóricamente saludables sin mucho rigor, que las llevan a cabo personas que son modelos de referencia social. Hay que intentar que sea una dieta equilibrada y con hábitos saludables, y para eso lo mejor es ir a dietas que han demostrado que son saludables, como la mediterránea.
Sí, hay muchas leyendas urbanas, por eso es muy importante nuestro papel como profesionales, tenemos que ayudar a mantener un equilibrio y que los niños lleguen a la edad adulta en las mejores condiciones. Tenemos por un lado mitos de dietas sanadoras, pero también por otro lado estamos delegando la alimentación de los niños en dietas fáciles; es más rápido darle un bollo y un zumo que preparar otra cosa o dedicar más tiempo a la variedad de los menús en casa. Hay que crear buenos hábitos. Y lo que tampoco se puede hacer es demonizar determinados alimentos que no son malos de por sí, por ejemplo, por la enfermedad celíaca acabamos considerando que el gluten es malo. También ocurre con los lácteos porque la leche puede dar algún problema en algunos niños, pero eso no quiere decir que la leche en sí sea un alimento malo. Hablamos de patologías asociadas a determinados alimentos que no son malos de por sí.
Pues sí, exactamente lo mismo: ninguna dieta de por sí es mala, pero tienen que ser equilibradas, y para eso hay que hacerlas con supervisión y suplementar posibles déficits. No hay que dogmatizar con dietas prohibidas, pero tienen que hacerse de manera equilibrada y para eso lo mejor es que estén supervisadas por un profesional. El problema al final es que leemos cosas en internet y creemos que ya sabemos; en esto pasa lo mismo con las dietas y con la interpretación de los síntomas de las enfermedades.
La sanidad pública tiene buenos profesionales que tratan estas enfermedades, es un área bastante presente en casi todos los centros hospitalarios de tamaño medio y grande, la cobertura es adecuada. Y, salvo por la creciente amenaza nutricional, la salud en general es buena. No tenemos grandes enfermedades que condicionen la salud a nivel digestivo, salvo las enfermedades que están aumentando y que son secundarias de una sociedad industrializada. La cuestión más importante es la obesidad infantojuvenil, tenemos de los niveles más altos, en esto es necesario un toque de atención. Y todo, porque teníamos otros hábitos y los estamos cambiando más rápido que otras sociedades, tanto que ya es un problema de salud pública.
La formación es buena en todos los aspectos, ahí como sociedad intentamos dar una oferta formativa amplia y dirigida a los diferentes perfiles. El reto es lograr acercar esa formación a otros niveles de Pediatría, estar más cerca de los pediatras de Atención Primaria, compartir criterios, protocolos, vías de derivación... Hay que trabajar continuamente la coordinación entre niveles asistenciales.
En cuanto a la formación, hay que reforzar la puesta al día en patologías cada vez más prevalentes, por ejemplo, hay que saber cómo detectar precozmente la enfermedad inflamatoria intestinal, ya que de su diagnóstico precoz puede depender en parte la evolución posterior. Esta patología es más de adultos, pero cada vez la estamos viendo más en niños, y eso implica nuevos abordajes por parte del pediatra.
Hay que mantener una buena coordinación entre niveles, defender las áreas de capacitación específica y fortalecer el papel del subespecialista pediátrico. La Pediatría al final es una medicina interna del niño con condicionantes que la hacen muy diferente a la del adulto. Hay que buscar la excelencia en cada disciplina y encontrar la forma de reconocer esta especialización porque eso repercute en un mejor tratamiento de los niños, si los pacientes supieran esto reivindicarían más que se reconocieran las subespecialidades, aceptarían más como propia esa demanda. Así que tiene que haber profesionales de atención especializada en todos los centros, además de reforzar vínculos tanto entre centros sanitarios como entre comunidades autónomas para trabajar en red.
Nos hemos tenido que adaptar y basarnos en la telemedicina mucho más, como ha ocurrido con todos los profesionales, no ha afectado de una forma diferente. Quizás los pediatras, que siempre hemos realizado una atención muy cercana y directa al paciente, creíamos que sin tener contacto personal íbamos a perder calidad en la asistencia porque parece que si no ves al niño no te haces a la idea, pero se puede hacer una buena telemedicina. A día de hoy disponemos de medios y de recursos que posibilitan una atención telemática de calidad, obviamente siempre que, por otro lado, la asistencia presencial ágil y en tiempo y forma esté asegurada para todos aquellos casos que la requieran. Como en todo en la vida, en el punto medio se encuentra la virtud.
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