Prebióticos, probióticos, y simbióticos en las fórmulas infantiles

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El conocimiento acerca de la actividad de la microbiota en los últimos años nos está cambiando muchas de nuestras actividades preventivas y terapéuticas.

Sabemos que tenemos en el cuerpo la misma cantidad de bacterias que de células humanas, y la composición y las características de estas bacterias influyen necesariamente en la salud y en todos los procesos de enfermedad.

La diversidad de microbios en nuestro organismo es muy elevada, y esta microbiota origina el microbioma, que es el conjunto de genes de los microorganismos en interacción con nuestros propios genes. Se estima que en el cuerpo humano sano pueden habitar más de 10000 especies bacterianas diferentes, de las cuales menos del 1% se consideran potenciales patógenos. La mayor diversidad de especies microbianas las vamos a encontrar en el tracto digestivo y en la boca y, en segundo lugar, en la piel.

Los primeros microbios que van a formar parte de nuestro organismo nos los proporciona nuestra madre. Han aparecido estudios que demuestran que una primera colonización se produce dentro del útero materno, aunque clásicamente se ha considerado que el feto está en un medio estéril y la colonización se produce en el momento del parto. El modo en que se produce el nacimiento, también influye, y por eso predominan microbios de la piel en bebés nacidos por cesárea versus microbios de la vagina en bebés nacidos por parto a través del canal vaginal. Influirá también si el nacimiento se produce a término, o antes de tiempo y si se utilizan antibióticos durante el periodo perinatal o neonatal.

El tipo de alimentación es determinante en la microbiota del lactante. La leche materna no es estéril y contiene cientos de especies bacterianas diferentes, especialmente Bifidobacterias y Lactobacillus. La leche humana tiene asimismo un efecto prebiótico con la presencia de oligosacáridos que actúan como alimento para los microbios; prebiótico y a su vez como sustancias que evitan la adherencia al intestino del lactante de otros microbios que sí pueden ser patógenos como Streptococcus pneumoniae o Listeria monocytogenes. Es así como la leche materna tiene acción simbiótica (combinación de efecto prebiótico y probiótico).

Estos conocimientos son los que originan que a las fórmulas infantiles se les añadan tanto sustancias prebióticas y probióticas como los Bifidobacterium lactis, como son los galactooligosacáridos. La adición de estas sustancias facilita la síntesis de productos metabólicos que ejercen influencia reguladora beneficiosa y que pueden actuar como moduladores inmunológicos.

La presencia de bacterias probióticas como Lactobacillus rhamnosus GG, Bifidobacterium Lactis, y Streptococcus thermophilus y algunas levaduras como Saccharomyces boulardii reducen las infecciones gastrointestinales y tienen algunos otros efectos como la disminución de la frecuencia de cólicos e irritabilidad en el bebé. Los probióticos tienen efecto demostrado en el desarrollo del sistema de defensa inmunológico natural, en el control de manifestaciones atópicas y en regular las alteraciones que provocan los tratamientos antibióticos. Existen numerosas investigaciones en curso que nos van a permitir en los próximos años conocer en más detalle las diferentes cepas que pueden producir beneficios, la cantidad de microorganismos que es claramente necesaria para que se produzcan estos efectos deseados y la interacción que puede producirse entre ellas.

Bibliografía

López-Goñi I. Microbiota. Los microbios de tu organismo. Editorial Almuzara; 2018.

Suárez VM. Uso de probióticos y prebióticos en las fórmulas infantiles. Nutrición Hospitalaria. 2015;31(1):72–77.

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