El inicio de la alimentación complementaria constituye un momento importante en el lactante y es necesario planificarlo, con el fin de ofrecer una alimentación adecuada que aporte todos los macro y micronutrientes que el bebé necesita en su desarrollo físico y neurológico.
Las recomendaciones actuales marcan el momento en el que se debe introducir la alimentación complementaria: no antes de las 17 semanas de vida ni después de las 26. El momento de su introducción viene determinado por las características del lactante, así como por las preferencias y circunstancias familiares. Si bien sabemos que la lactancia materna exclusiva o en su caso, las fórmulas infantiles son un alimento suficiente durante los primeros 6 meses de vida; a partir de esa edad, los aportes de hierro, vitaminas y ácidos grasos esenciales, entre otros, van a ser insuficientes con una alimentación exclusivamente láctea.
En el momento de introducir los alimentos tanto profesionales como familias dudan sobre el momento ideal de introducción de los alimentos considerados más alergénicos como son el huevo, la soja, el pescado, el trigo o los frutos secos, especialmente cuando existe una APLV o antecedentes familiares de atopia o alergia alimentaria.
La reciente literatura científica nos permite afirmar que no se ha podido objetivar un beneficio en retrasar la introducción de estos alimentos ni en la población general ni en el grupo de lactantes con Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV) ni con historia familiar de patología alérgica. Incluso encontramos indicadores de que pueda suceder lo contrario: una introducción temprana, especialmente en niños alimentados con lactancia materna, podría asociarse con prevención del desarrollo de la alergia, desarrollando un mecanismo de tolerancia inmune en la infancia temprana, mientras que una introducción tardía incrementaría la probabilidad de alergia. Aun así, necesitamos más estudios que confirmen esta hipótesis.
En resumen, deberíamos optar por la introducción de alimentos de la misma forma como haríamos en el resto de los lactantes. Tampoco estaría indicado, previamente a la introducción, la realización de pruebas de alergia frente a los diferentes grupos de alimentos.
El caso de lactantes cuya clínica de APLV es en forma de FPIES (síndrome de enterocolitis inducido por proteínas alimentarias), sabemos que un porcentaje variable de ellos (entre un 20 y un 35%), van a presentar reacciones frente a otros alimentos sólidos además de la leche, como la soja, el arroz, la avena o el pescado.
En estos lactantes, la recomendación es intensificar la vigilancia con la introducción, y hacerla si es posible, de forma más progresiva, observando la aparición de sintomatología. Empezaríamos no más allá de los 6 meses, con vegetales y frutas y posteriormente carnes bien cocinadas y cereales. La tolerancia de un alimento de un grupo suele asociarse a la tolerancia frente al resto de alimentos del mismo grupo.
La eliminación de las proteínas de la leche de vaca de la dieta puede ser difícil conforme el niño va creciendo y consume diversidad de alimentos y tiene diferentes cuidadores, puesto que las proteínas están presentes en muchos productos alimentarios.
Desde diciembre de 2014 existe una normativa europea, el Reglamento de Información al Consumidor, que obliga a declarar en los productos la presencia de 14 alérgenos alimentarios entre los que se incluye la leche de vaca. Estos productos son ingredientes habituales de muchos productos de consumo frecuente y el etiquetado ha facilitado en gran manera el cumplimiento de la dieta de exclusión y el momento de la compra para muchas familias.
La tolerancia individual a los productos que llevan trazas de leche (a veces se etiqueta como “puede contener”), es variable de unos pacientes a otros. La norma inicial es excluir todos los productos que puedan contener leche y también si indica que contiene trazas o restos de proteínas de leche de vaca. No obstante, sí se ha constatado que muchos niños toleran este tipo de productos y no se producen síntomas. Esta tolerancia puede mejorar la calidad de vida y la posibilidad de diversificar los productos a consumir.
La mayoría de los productos etiquetados como “puede contener trazas de leche” no tienen en su composición proteínas de leche de vaca y son generalmente toleradas por niños con APLV no IgE.
Se considera que la carne de ternera, buey, vaca o toro, que esté bien cocinada, es tolerada por la mayoría de niños con Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV). Solamente un pequeño porcentaje de lactantes van a tener una reactividad cruzada entre proteínas de leche de vaca y carne de vacuno. Al contrario, sin embargo, sí suele ocurrir: todos los niños alérgicos a la ternera son alérgicos a las proteínas de leche de vaca.
En líneas generales, debemos recomendar la introducción de la carne de vacuno, bien cocinada, en los lactantes con APLV de la misma manera que en el resto de lactantes.
¿Quieres recibir Producto Novalac
para evaluación profesional?