Exclusión de la leche de vaca y sus riesgos nutricionales

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Cuando se diagnostica una alergia a proteínas de leche de vaca (APLV), el tratamiento consiste en eliminar los alimentos que contienen proteínas de leche de vaca.

Cuando se diagnostica una alergia a proteínas de leche de vaca (APLV), el tratamiento consiste en eliminar los alimentos que contienen proteínas de leche de vaca. Serán niños en los que no podemos contar con este alimento en su dieta.

Por otro lado, cada vez encontramos más familias que por sus creencias o valores, deciden no dar leche de vaca ni derivados lácteos a sus hijos.

La presencia de leche de vaca en la dieta infantil puede originar deficiencias específicas, especialmente en lactantes que no son alimentados con leche materna. La leche, sea materna o leche de vaca adaptada a las necesidades del bebé es el principal alimento durante el primer año de vida, momento además de mayor crecimiento somatométrico y neurodesarrollo, y en el que se supone una mayor vulnerabilidad nutricional. Por todo ello es muy importante que los lactantes con APLV o en aquellos en los que las familias no quieren dar lácteos ni derivados en la dieta, se cuide qué tipo de fórmula se administra o se realice una dieta muy bien planificada para evitar déficits nutricionales.

Valoración nutricional del lactante con APLV

El diagnóstico de una alergia a proteínas de leche de vaca (APLV), especialmente en el lactante, debería conllevar una valoración nutricional individualizada del paciente. Los objetivos son dos: en primer lugar corregir un déficit que se haya producido a causa de la propia alergia y durante el tiempo en el que no teníamos un diagnóstico de certeza y en segundo lugar, para realizar una planificación de la dieta a partir del momento en el que diagnosticamos la alergia.

La realización de una valoración nutricional consta de las siguientes herramientas:

  • Encuesta nutricional para valorar la dieta: Debemos preguntar qué fórmula láctea toma, y la cantidad diaria, para estimar la ingesta calórica del lactante. En el caso de lactancia materna, estimar el número de tomas y valorar en relación con la curva de peso. Si ya se ha iniciado la alimentación complementaria o en el caso de niños mayores de 1 año, debemos saber cuántas comidas se realizan al día, las cantidades aproximadas y la composición de esas comidas (diversidad nutricional y categorías de los alimentos).
  • Somatometría: Peso y talla, relación peso/talla y evolución de la curva pondoestatural, teniendo en cuenta los datos en el nacimiento y la genética de cada uno.
  • Exploración física completa: Buscando signos de deficiencia nutricional como palidez cutánea o escaso panículo adiposo.
  • Exámenes complementarios: No son siempre necesarios pero en el caso de diagnosticar o sospechar que el estado nutricional no es óptimo, resulta interesante la realización de una analítica sanguínea básica que conste de hemograma, ferritina, sideremia, calcio, fósforo, fosfatasas alcalinas, albúmina y prealbúmina, así como aquellos nutrientes que pensemos que pueden ser deficitarios como vitaminas u otros minerales.

Efectos de la falta de calcio sobre la mineralización ósea

El crecimiento y la maduración ósea son procesos dinámicos que se producen fundamentalmente en los primeros años de vida. Es en la primera etapa de la vida adulta donde se alcanza el pico de masa ósea, por lo cual es fácil deducir que esta masa ósea consolidada debe conseguirse durante la lactancia y la etapa infantil. Una buena consolidación y una adecuada masa ósea en la etapa infantil, previene el desarrollo de osteoporosis en la vida adulta. El aporte de calcio es fundamental en esta tarea y los lácteos son alimentos con alta concentración de este mineral y con una buena disponibilidad del mismo. Aunque el calcio puede ser aportado por otros alimentos, la cantidad que pueden aportar es menor y obliga a planificar las dietas de forma mucho más detallada. La retirada total o parcial de los lácteos, van a constituir un riesgo para una inadecuada mineralización ósea y una osteoporosis futura.

Alimentos como las legumbres, algunas verduras como las espinacas o las acelgas, pescados como el salmón o el lenguado o el marisco, frutos secos, el huevo y los cítricos también contienen calcio, pero en cantidades inferiores a la leche y los derivados lácteos.

Las bebidas vegetales en la alimentación infantil

Las bebidas vegetales viven una época de auge en su consumo. Son mal llamadas “leches” y existen de diferentes cereales y frutos secos como soja, arroz, avena, almendras, etc. Tanto la composición como las características nutricionales no tienen nada que ver con la leche de vaca ni con las fórmulas infantiles ni con la leche materna.

Estas bebidas además pueden contener altas cantidades de azúcares, algo poco adecuado en la infancia y en cualquier época de la vida.

Debería evitarse su consumo como alternativa a la leche, especialmente en los menores de un año, considerando que no son un alimento completo ni equivalente.

Bibliografía

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